
EL COMENTARIO DE TEXTOS LITERARIOS
PROGRAMA
Más allá de su empleo cotidiano, práctico y racional, el hombre acopla las palabras para expresar sus emociones y sus pensamientos; intenta que sus experiencias permanezcan ante la fugacidad de los instantes, por ello las escribe: las afianza como un rastro de su vida. Bien dijo un poeta “todo el tiempo es un instante, hay instantes que lo son todo”, por ello vale en oro todo cuanto podamos crear con nuestro espíritu.
Asombro ante el mundo, dolor ante la muerte, esperanza en el amor: son motivos suficientes para que el poeta articule una visión, una intuición sobre la existencia. ¿Qué ha visto, qué ha intuido? Algo, un “algo” que no se deja definir fácilmente porque es inconmensurable como la arena de las playas y sutil como cintila vaporosa que exhalan nuestras bocas en el frío.
La poesía puede hallarse en muchas partes: en la amplísima llanura bajo el faraón del cielo, en las altísimas montañas que besan las nubes, en la geometría exacta de los cristales de roca, en el asombroso vuelo del azor, en la más pequeña de las flores, en la gracia celeste de alguna bayadera, en la iluminada o ensombrecida faz de las personas. Sin embargo, es del interior del Ser mismo donde nace; del Ser --el fondo último de todo-- brotan las palabras, por ello es en las palabras mismas donde la poesía aparece más evidente, es decir, en el poema; porque fundamentalmente el hombre es un ser de palabras: su nombre, el nombre de aquello que ama, todo cuanto conoce o desconoce es nombrado por ellas. Su decir es su mundo, su mundo es de palabras, las palabras son su mundo.
La poesía le sirve entonces de expresión al ser humano -da salida a pensamientos y emociones-; expresión que para manifestarse participa de la lengua, pero que trasciende los límites de ésta al transfigurarla: va más allá de las palabras mediante las palabras, dice lo que el lenguaje cotidiano no alcanza a significar, y con ello extiende los horizontes de la lengua, pues ésta deja de ser mero acto de comunicación para ensanchar el mundo, para decir el mundo, para mundanear el decir.
La poesía es, así, una revelación, ¿de qué?, de la esencia de los seres y las cosas porque nace de las palabras, y éstas son uno con los seres y las cosas: así es como quita velos a la existencia. La poesía es, entonces, conocimiento y creación. Conocimiento porque su experiencia es un saber que nos nutre; creación porque inventa, da nombre y con ello da ser. El mundo llega a ser mundo por las palabras, y todo cuanto en él existe es porque puede ser nombrado bajo el sol. Y la poesía es como esa luz que permite el brillo de las cosas, que adquieran volumen, color y silueta ante los ojos.
La poesía se constituye esencialmente por ser música: la música de las palabras, el cántico de su disposición y su textura, de su forma y su sentido. Esta música comporta imágenes, representaciones verbales de una idea, de un sentimiento... en fin, de un profundo sentido del ritmo y de la vida de cuanto existe, de cuanto es y de cuanto se despliega bajo los cielos y más allá de ellos, y en la imaginación misma.
La poesía es, así, una singular manifestación de la vida, es signo de que existimos, es un acontecimiento lleno de goce, un hacer (poiein) en que “algo” se nos revela o que se revela a otros a través de nosotros. Somos las venas por las que transita una energía incognoscible del todo y que, paradójicamente nos permite ahondar nuestro conocimiento de todas las cosas ─conocimiento cuya base es el sentir─ cosas todas que encuentran su ser más transparente en las palabras. Es la epifanía de los signos que advertimos en la belleza o en la catástrofe, lo mismo en el cielo que en la tierra: el fulgor de una mirada, el mar inabarcable, el refinado andar del ciervo, el llanto por la muerte… “apariciones” de tan aterradora belleza.
Sin embargo, a diferencia de la creencia común de que es la expresión de unos cuantos, la poesía es algo tan cotidiano que aparece todos los días en nuestras vidas, es una necesidad de sentirnos vivos, de nutrirnos de las profundas raíces de la vida. Por eso es imprescindible que realmente estemos vivos, que en verdad sea nuestra esta vida y no una forma de ser ajena a nosotros. En suma: es una muestra de que realmente existimos y somos distintos a los otros seres vivos.
La poesía es un camino, como lo son otros tantos en la vida, al final del cual se halla también ella misma, pero nosotros ya no somos los mismos, algo en nuestro fondo se ha transfigurado: lo que estaba roto y disperso en nosotros se ha reunido y nos ha unido con algo que escapa a nuestra comprensión, que la desborda y nos hace sentir completos. La poesía es una forma de saberse uno mismo y de comprender a los otros. Caminar para alcanzarnos y reconocer todo lo que somos.
Dicho lo anterior, y entendiendo por poesía a toda la literatura, es decir, a toda la creación que permiten las palabras dispuestas a propósito de expresar con arte una idea, un sentimiento, y en su conjunto, una forma de ver y de sentir el mundo; enunciemos el propósito de este curso: acercar al estudiante a una lectura más profunda y crítica de algunas obras de la literatura hispanoamericana; por eso es fundamental que la asignatura se haya elegido por gusto e interés genuinos.
Se pretende que el estudiante se inserte en la lectura crítica de textos literarios con fines más definidos que la lectura por gusto o la valoración recreativa y que esta lectura se constituya en una poderosa herramienta que le permita ejercitarse en el proceso de investigación y crítica, al tiempo que ponga en práctica saberes adquiridos así como habilidades de lectura y redacción, siguiendo para ello dos ejes que le permitan acercarse a la literatura con una mirada más analítica, profusa e integral: uno teórico-metodológico que lo dote de elementos para acercarse a las obras literarias; y otro crítico que le permita construir juicios más hondos sobre las mismas. Esta investigación permitirá que el estudiante muestre la comprensión crítica de algún asunto presente en la obra literaria de su elección y lo dilucide reflexivamente con las herramientas que se le den. Asimismo, se eligieron textos de la literatura latinoamericana que, por tanto, expresan una visión del entorno sociocultural de los estudiantes.
De manera que no sólo se pretende que el estudiante reafirme las habilidades y conocimientos ya adquiridos, sino que con ellos vaya más allá y amplíe el proceso crítico de su capacidad lectora, al tiempo que construye una noción de la literatura latinoamericana que le permita interpretar ese conjunto variado, pero con una lengua, una sensibilidad, una historia y unos intereses culturales en común. Por ello, además de la lectura de obras literarias se requerirá de la lectura de obras teóricas y críticas; y se le solicitarán al estudiante reportes de lectura de cada texto. Todo ello le permitirá construir ese conocimiento crítico e interpretativo que exige el comentario de textos literarios.
David Puente Morales
LECTURAS PROPUESTAS PARA EL CURSO
ALBERTO FUGUET
Tinta roja
ANTONIO ALATORRE
¿Qué es la crítica literaria?
JUAN RULFO
Diles que no me maten
MARIO VARGAS LLOSA
Pantaleón y las visitadoras
RUBEM FONSECA
Betsy
Ciudad de Dios
Crónica de sucesos
FERNANDO VALLEJO
La Virgen de los sicarios
ALFONSO REYES
Valor de la literatura hispanoamericana
VIDA Y POESÍA DE NEZAHUALCÓYOTL
Monografía
SOR JUANA INÉS DE LA CRUZ
El barroco, de Guillermo Fadanelli
Sonetos y redondilla
GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
El amor en los tiempos del cólera
JAIME SABINES
Los amorosos
Nota introductoria de José Joaquín Blanco
Algo sobre la muerte del Mayor Sabines
RUBÉN BONIFAZ NUÑO
Yo no quiero perderte
Centímetro a centímetro
Para los que llegan a las fiestas
De otro modo el hombre, entrevista con Josefina Estrada.
RENATO LEDUC
Pequeña crónica del dos de noviembre
De aquellos especímenes femeninos no recomendables…
Oda poética y entusiasta al precioso puerto de Acapulco
Aquí se habla del tiempo perdido…
Renato Leduc en su leyenda, de Vicente Quirarte.
JORGE IBARGÜENGOITIA
Dos crímenes
Jorge Ibargüengoitia: la maldición del sentido común, de Juan José Reyes.
ANA LYDIA VEGA
Letra para salsa y tres soneos por encargo
El aprendiz de seductor, de Roberto Diego Ortega
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Se evaluará al estudiante considerando las actitudes que favorezcan el desarrollo de sus competencias: 80% de asistencia, disposición para el trabajo en el aula, participación oportuna, atención y entrega de comentarios.
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Se evaluará su comprensión crítica de los textos literarios y cinematográficos que el estudiante lea y observe en las sesiones del curso; asimismo, la articulación que logre en sus comentarios escritos y orales para tener una visión de conjunto de la literatura hispanoamericana del siglo XX, y las relaciones que descubra en ésta con su propio contexto.